CAROLINA SE ENAMORA FEDERICO MOCCIA PDF

La historia en si es entretenida. Vamos avanzando por la vida de Caro y conociendo a sus amigos, familia? Y es que la historia de amor como tal, tarda mucho en arrancar. En cuanto a acontecimientos, no pasan muchos, o por lo menos no que sean sorprendentes o sean realmente muy interesantes. En algunas ocasiones, lo que les pasa es un poco irreal o exagerado, pero se acepta. La historia refleja un mundo un poco digamos de ricos, o de gente de dinero por lo que me costaba imaginarme un poco algunas cosas.

Author:Samut Maramar
Country:Bulgaria
Language:English (Spanish)
Genre:Environment
Published (Last):6 October 2014
Pages:250
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ISBN:172-3-48000-237-7
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En casa cuando mi padre grita. Gafas: Grandes, de sol Pendientes: Dos, a veces, pero con frecuencia no. Septiembre es un mes que me gusta mucho, a pesar de que vuelve a empezar el colegio y las vacaciones se acaban. Me han dicho que en la universidad se empieza en octubre. Acabo de comprar mi nueva agenda. La estreno con pocas ganas de escribir. Nos miramos estupefactos.

Alis me pide la agenda. Se la paso. Pasada media hora, me la devuelve. Bovino: rumiante gordo aficionado al vino. La miro. Leone, el profesor de italiano, termina el inventario. Nos mirarnos. El verano en que he besado por primera vez. Bueno, la verdad es que creo que todos estamos dotados para algo y que muchas veces lo comprendemos demasiado tarde. Y yo he elegido. Alis es genial. Y debe de ser verdad, dada la casa tan espectacular que tiene.

Recuerda una de esas que salen en los anuncios. Y mientras bailo delante de ella, comienzo a agitarme como una loca, muevo las manos, mejor que Eminem y 50 Cent. Pero yo no me detengo. Te veo muy morena y, sobre todo, muy contenta. Por el momento. De todas formas, ahora las filas son de tres, menos mal; a veces incluso los bedeles se enteran de algo. Tengo un poco de miedo. Tres meses completos para hacer lo que me venga en gana.

La ventana. Entre nosotras tiene que haber confianza. Tres puntos de sutura. Son una infinidad. Esa tarde. Se niegan a creerme. Clod se pone en seguida a comer, pide el Trilogy, que es peor que el anillo de Bvlgari en cuanto a precio, pero mejor como exquisitez. Se lo zampa en un abrir y cerrar de ojos. Porque el dinero nos hace libres.

La camarera se acerca a nuestra mesa con una bandeja. La resta es tan evidente que me quedo patidifusa. Alis me pone la mano en el brazo. Un gran pinar, Villa Borghese, un camino que atraviesa unos bosques llenos de hojas, de agujas de pinos y de cigarras. Un eco a lo lejos, el rumor de lasas del mar. Avanzamos en grupo. Somos cinco. Stefania, yo, Giacomo, Lorenzo e Isabella, a la que siempre hemos llamado Isafea, entre otras cosas porque lo es. Y, en cambio, nosotros lo hemos hecho, hemos decidido correr el riesgo y aventurarnos.

Vamos a ver el castillo de Villa Borghese. Se cree que lo sabe todo. Lorenzo separa los brazos y todos nos paramos en seco. Nos volvemos todos. Debe de haber tirado algo que ha causado ese ruido.

Giacomo entorna los ojos. Lorenzo se encoge de hombros. Yo corrijo la frase como se debe. Stefania cabecea. No cabe ninguna duda. Lorenzo me arrastra al interior de una de las cuevas. Es un buen escondite, y nos apretujamos contra la pared.

No ve nada, de manera que retira la cabeza y se aleja. Pasados unos segundos, Lore me quita la mano de la boca. Veo sus dientes blancos en la oscuridad de la cueva. Un poco, no. Y su boca es blanda. Es un chico atento. Siento algo raro en la boca. Socorro… Sin embargo…, no me molesta. Menos mal. Pero no me molesta… De verdad, no me molesta.

La camarera se acerca a nosotras. La camarera se aleja sacudiendo la cabeza. Alice deja el vaso sobre la mesa. Clod, sin embargo, da un buen trago. Alis no tiene remedio, es demasiado curiosa. De modo que regreso a la cueva.

Y no me molesta. Ahora no, por lo menos. Nos separamos y miramos hacia la entrada de la cueva. Isafea pasa corriendo por delante de la puerta. Parece la sirena de una ambulancia. Pasado un segundo llega el vigilante y la ayuda a levantarse. Lore y yo nos miramos durante unos segundos. Corremos hacia la salida de la cueva y, una vez fuera, apenas nos da tiempo a ver el viejo Seiscientos que dobla la esquina. Stefania esboza una sonrisa. Stefania se encoge de hombros.

Lore y yo nos miramos. Parece medio muerta. Llora y sorbe por la nariz y se aprieta la mano. En fin. Mira el punto donde mi amiga asegura que le ha mordido la serpiente. Una culebra. Interrumpo mi relato. Clod se muestra de acuerdo. Delicias de chocolate negro. A lo mejor no me gusta y lo dejo. La miro y doy un sorbo a mi tisana.

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